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Bajo el volcán, un breve agradecimiento.

Lo que sigue no pretende ser una revisión o interpretación de la novela de Lowry. Sólo la expresión de una sincera gratitud personal.

Matteo Meloni

Specializzando in Psichiatria
1st March 2021


Han pasado meses, y todavía no puedo decir si Under the Volcano llegó a mis manos por casualidad o si fui a buscarlo. Mi estado de ánimo era oscuro y, cansado de estarlo, busqué con pereza una lectura que pudiera ayudarme. O que al menos podría mejorar mi inmovilidad, mi obstinada adicción al pasado. Pero todas las páginas me parecieron fuera de lugar, no pude apreciarlas. Recordé haber leído distraídamente sobre una novela dominada por la autodestrucción, después de unas horas ese libro estaba en mis manos.
Para empezar, el lenguaje era hostil y me pilló desprevenido. Pero en parte por la portada, en parte porque este británico que se pasaba la vida en México escribiendo y bebiendo parecía un buen tipo, decidí continuar. Y no me sentí fuera de lugar.

La novela estaba impregnada de alcohol. Pero no como los muchos escritores que han contado su relación con esta sustancia. No fue Baudelaire quien lo vio como una especie de manta, no fue una musa. No fue Apollinaire quien le dedicó su vida. Ni el Barney de Richler, que lo consideraba casi el único amigo digno. Ni el alcohol de Hemingway, una extensión de la masculinidad. No se habla de una razón para vivir, como con Bukowsky.



Geoffrey Firmin se encontró con el alcoholismo. Autoterapia, como hacen muchos. Aquel dolor no tenía intención de cesar y vaso tras vaso se había vuelto más confuso, pero no menos intenso.Geoffrey Firmin se encontró con el alcoholismo. Autoterapia, como hacen muchos. Aquel dolor no tenía intención de cesar y vaso tras vaso se había vuelto más confuso, pero no menos intenso.
La bebida no formaba parte del artista. El alcohol estaba allí, y vas y explicas a los demás, se habrá dicho, que es él quien te busca. En la novela estaba el alcoholismo de los que lo viven cada día, en su propia miseria. Lowry no hace una descripción, no hace una dedicatoria, no explica ni encuentra la manera de darse un encanto bohemio y anticuado. El de Lowry es un sufrimiento que no grita, que no quiere ser notado ni comprendido. Está ahí, y eso no se puede cambiar.
El alcohol no es algo bueno ni malo, trata de sustituir el dolor y fracasa. Pero está bien. Las calles de la borrosa ciudad centroamericana sólo conducen a bares, mostradores podridos de clientes tontos que no pueden saciar su sed. Y camareros blandos que no preguntan antes de servir.


"- "Mescal", dijo el cónsul, casi distraído. -"


La vuelta atrás es cosa de novela.

La autodestrucción. La culpa es cegadora. Y no importa lo que esté expiando. Las pocas personas que importan están de vuelta y dicen que tienden la mano. Y el dolor que han causado puede ser merecido, pero por qué lo olvidan? Yvonne se preguntará qué hace Geoffrey con la dulzura de su propio dolor, sin entender que el sufrimiento es la única forma de avanzar. El sufrimiento que sabe a mezcal.


"- "Oh, Geoffrey, podríamos ser felices, podríamos..." "Sí, podríamos estarlo". -"


Esas malditas letras. Leído después de quién sabe cuánto tiempo, ahora que todo el mundo había conseguido pasar página, dejar de lado el dolor de un gran fracaso. Ahora que todos los demás se habían perdonado. Y qué irritante su aburrido deseo de salvar un trapo desechado. Intenta ser feliz, al menos tú.
La vida de Firmin era quizás buena, prosperidad, amor, amigos, viajes, un buen trabajo. Pero aquí, en esta novela, no se decide quién puede sufrir y quién no, y nadie se queja.

Esos tormentos, esos malentendidos, esas peleas no deseadas lo han consumido todo, y quizá alguien tenía razón.
A Geoffry sólo le queda la autodestrucción, la lectura confusa de las cartas de un amor que estuvo ahí, y fue mucho. Una caricia salada en cada herida. Y queda el alcohol, demasiado, demasiado.
Para mí sólo un agradecimiento, para los que escribieron este abismo y en ese abismo se escribieron a sí mismos.


"- El cónsul releyó la frase varias veces, la misma frase, la misma letra vana de todas las letras. "Es el silencio lo que me asusta. Imaginaba que te ocurrían todo tipo de cosas trágicas, era como si te hubieras ido a la guerra y yo esperaba, esperaba, esperaba tus noticias, tu carta, tu telegrama... pero ninguna guerra podía tener ese poder de congelar y aterrorizar mi corazón y todos mis pensamientos, mis oraciones." (...) "Por supuesto que debes haber pensado mucho en nosotros dos, en lo que construimos juntos, en la ligereza con la que demolimos todo lo que era bello, pero sin poder destruir el recuerdo de esa belleza. Eso es lo que me obsesiona, nos veo a ti y a mí en cien lugares diferentes, con cien sonrisas". (...) "Caminas al borde de un abismo en el que quizá no te siga. Me despierto en una oscuridad en la que debo seguirme eternamente, odiando al yo que me persigue y enfrenta sin cesar. Si pudiéramos levantarnos en nuestra miseria, buscarnos una vez más, y encontrar de nuevo el consuelo de los labios y los ojos del otro. Quién se interpondrá entre nosotros? Quién puede oponerse a nosotros?"
"El cónsul se levantó, se inclinó ante la anciana y entró en el bar. -
"
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