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Escuchemos.

El valor contenido en la expresión humana más natural

Cristina Mura

Musician
22nd January 2021

Desde hace varios meses, me encuentro reflexionando sobre esta cuestión que, en mi opinión, es fundamental para la vida de todos nosotros. Vivimos en una época cada vez más dinámica e innovadora, interrumpida por la pandemia que todos conocemos, pero que también es una realidad en la que casi siempre impera el caos. Lo que falta es precisamente escuchar. He llegado a concebir una especie de ideal, que nadie posee por sí mismo, pero que todos deberíamos esforzarnos por aplicar en la vida cotidiana, con compromiso y constancia.

Los orígenes: oír, escuchar, sentir.

Antes de hablar del mundo de la audición, me gustaría detenerme en el significado del propio verbo y sus análogos.


oír 1 sustantivo masculino [uso sustantivo del verbo], literalmente - La facultad de oír, de percibir distintamente los sonidos.


oír verbo transitivo [latín vulgar *ascŭltare por clase. auscŭltare] (yo ascólto, etc.). - 1. Escuchar con atención; ponerse de pie para oír.


oír verbo transitivo [latín sĕntire] (I sènto, etc.). - En un sentido amplio, sentir cualquier estado de conciencia inducido en nosotros por el mundo exterior a través de los sentidos o cualquier estado afectivo que surja en el alma. Dentro de la variedad de usos y acepciones particulares, los significados fundamentales del verbo pueden rastrearse en estos tres: percibir una percepción; sentir una sensación; experimentar un sentimiento.


1. Aprender a través de los sentidos; recibir una o varias impresiones sensoriales y ser consciente de ellas.


2. Común especialmente con referencia al sentido del oído, como sinónimo ahora de oír ahora de escuchar.


"Aquí "sentir" tiene una doble valencia: es escuchar lo que viene de fuera así como sentir las emociones interiores."

Y lo más interesante es precisamente el hecho de que un significado no excluye al otro.


"Escuchar, en cambio, es oír y sentir con atención, sin distracción, con conciencia y conocimiento."

Escuchar el silencio.

En la era de la tecnología y la comunicación instantánea hemos perdido un elemento esencial en nuestras vidas: el silencio. El silencio, sin embargo, no pretende ser la antítesis de la Música, sino en otro sentido. No el silencio como "ausencia de sonido", sino el silencio como fuente de pensamientos y reflexiones y autoconciencia. Nuestros sentidos son el vínculo inmediato y directo con el mundo exterior. Funcionan continuamente, al igual que nuestra mente, que las traduce e interpreta, para que no estemos aislados de nuestro entorno. Si no participamos voluntariamente en este mecanismo, es como si estuviéramos siempre dentro de una burbuja, completamente desconectados del mundo exterior.


"Escuchar el silencio, pues, para escucharnos a nosotros mismos y a nuestro mundo interior."
"Escucharnos a nosotros mismos para proyectar nuestras emociones fuera de nosotros."

Educación para la escucha.

Toda esta reflexión mía nació en realidad durante mi breve experiencia como profesor de Educación Musical en la escuela secundaria. Durante las primeras semanas observé a los alumnos y su comportamiento, por lo que enseguida noté una ausencia latente de diálogo, de escucha de los demás y de confrontación. Así que se me ocurrió proponer una nueva interpretación del tema: por ahora la misión era educar a la escucha en primer lugar.


Y un pensamiento en particular, que llegó en el momento justo, me llamó la atención...


El texto está extraído de una publicación en Facebook de Angelo Gilardino.


««He dicho en diversas circunstancias, y lo repito aquí, que el futuro de la cultura musical depende del trabajo que los profesores de las instituciones educativas básicas -en Italia, la escuela media- están haciendo mucho más que de la actividad de los músicos (estrellas de la fama o menos famosas) que actúan por todo el mundo en teatros y salas de concierto. La responsabilidad de quienes enseñan a los niños a tocar un instrumento o incluso simplemente a escuchar música es muy grande. No se trata sólo de cuidar la formación inicial de los futuros músicos, sino sobre todo de crear un espacio sensible y capaz de hacer de la música un pilar de su educación (inicialmente) y luego de su cultura.»»


"Insisto en este punto: no importa tanto que los futuros estudiantes de conservatorio salgan de las escuelas medias, sino los futuros oyentes de óperas, de conciertos, de grabaciones, los que formarán ese tejido conectivo entre los músicos profesionales y la gente que no sabe nada de música ni quiere saber nada."

Dentro de veinte años, la Scala podrá poner en escena "Il Trovatore", "Bohème" y "Wozzeck" en espléndidos montajes, pero lo hará por el desierto si los profesores de música de las escuelas medias no pueden evitar que Verdi, Puccini y Berg sean confundidos con ex futbolistas o pilotos de fórmula 1: ese es el riesgo,


"...y no son los grandes directores e intérpretes celebrados hoy los que decidirán de qué lado colgará la balanza, sino los jóvenes maestros que ahora ocupan posiciones aparentemente marginales en las escuelas. Depende más de ellos que de nosotros..."

Leer estas palabras fue esclarecedor y decepcionante al mismo tiempo, precisamente porque me di cuenta de lo arraigado que está el problema en nuestra sociedad. El reto es grande, pero depende de nosotros aceptarlo y esperar una red de oyentes cada vez más interesados. Seremos realmente tan audaces? A quién le toca dirigir esta batalla?


Hay quienes piensan que los músicos son la primera línea, pero eso no es suficiente. Quienes son músicos de oficio, como artistas, tienen ciertamente la tarea de construir y difundir "lo bello". Pero, como exhorta Gilardino en su mensaje, quien tenga la tarea de educar a los «<futuros oyentes="">» en este momento debe asumir también la tarea de educarlos en la escucha (Música) y en la belleza (Arte). Todos estamos implicados, tenemos que estarlo, para exigir un cambio.</futuros>


El objetivo final: expresarnos.

La invitación a la escucha parece casi un intenso viaje interior, cara a cara con nuestro yo más profundo, que nos lleva a la meta final, la expresión de nuestras emociones. Nos encontramos ante una encrucijada: por un lado tenemos sentimientos típicos y cotidianos tan sencillos de expresar, por otro lado emociones y sensaciones que no todos están educados para concretar. Confiemos pues en el Arte, reina indiscutible de la expresión del hombre y de la Naturaleza. A través del trabajo de los artistas que observamos, escuchamos y admiramos podemos llegar a entendernos a nosotros mismos.


Ludwig van Beethoven solía decir:


"Donde las palabras fallan... la música habla."

Del mismo modo, allí donde no llegan las palabras, el Arte da vida a nuestros pensamientos más íntimos.


Creemos, porque especialmente hoy necesitamos el Arte.


Esperemos que así sea, para encontrar la fuerza para seguir adelante, hoy como nunca antes.


"Escuchémonos unos a otros, para entendernos hasta el final."
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