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LA MUSICA Y LA PANDEMIA - LA PERDIDA DEL RITO

LA APARICIÓN DEL VÍDEO COMO SUSTITUTO DEL CONCIERTO

Marco Carta - Classical Music

Musician, MedStudent
2nd February 2021

•INTRODUCCIÓN •PÉRDIDA DEL RITO •RESULTADOS PSICOLÓGICOS •LA PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL COMO INSTRUMENTO DE ESTUDIO •EL CONTEXTO SOCIAL • CONCLUSIONES

INTRODUCCIÓN

La música siempre ha necesitado, como medio de expresión, una cadena de elementos: la fuente sonora, el medio aéreo y un elemento receptivo, el oyente. El interés y la fascinación de la música están ciertamente en su expresión de manera no unívoca, no universal. Quien toca confía a una serie de procesos físicos, de rarefacción y compresión aérea, un mensaje cargado de un componente emocional. Este proceso físico despierta una reacción emocional en el oyente, nuestro público. La emoción puede interceptar el sentido profundo impreso por el intérprete o cobrar vida autónoma, despertada por la sucesión de sonidos.


PÉRDIDA DEL RITO

Esta dimensión, en muchos sentidos imponderable, se perdió con la pandemia debido a una alteración del hilo de comunicación. La música llegó a nosotros sin ritual, y sobre todo en medio de tanto ruido de fondo. La misma producción de sonido se dilató con la postproducción, edición y carga del contenido.


El oyente ha perdido el concepto de expectativa, preparación, la compañía de otros en la experiencia del concierto. También hemos perdido totalmente el silencio que precede al ataque de las piezas: la música aparece en las redes sociales en medio de tantos otros contenidos, publicados sin cesar. La música clásica, pues, tiene un lenguaje estructurado, y a veces necesita tiempo para explicarse. No todas las piezas comienzan con el tono del Primer Concierto para Piano de Tchaikovsky y, por tanto, no todas pueden imponerse eficazmente en un entorno "ruidoso". Por ello, muchos de los músicos se centraron en la cantidad, para intentar estar presentes lo justo para ser vistos.


IMPLICACIONES PSICOLÓGICAS

Yo mismo me he encontrado produciendo vídeos con más frecuencia de lo habitual. Lo he hecho en parte por espíritu de compartir (apelando a la función social de la música) y en parte (mucho menos noblemente) para no desaparecer del radar de la feroz comunidad de músicos (y guitarristas, concretamente). Al mismo tiempo, he notado una mayor aspiración al perfeccionismo, especialmente al perfeccionismo técnico.


Esto tiene dos implicaciones: una positiva, que nos empuja a mejorar nuestro rendimiento, y otra negativa, que alimenta nuestra frustración al perseguir el rendimiento "perfecto". Grabarse a sí mismo, y grabar música en general, es un acto final. Uno no puede entregar su grabación a Internet, sobre todo si es un músico de cierto nivel (o un aspirante). Este era, al menos, el tenor de los pensamientos que me venían a la cabeza y que constituían la sólida base de un agotamiento, aunque matizado.


El embalaje del producto artístico ha implicado un "desplazamiento" energético: la tensión que precede al inicio del concierto se ha perdido en el oyente, mientras que en el concertista se ha replicado tantas veces como el número de tomas necesarias para grabar la pieza (las "tomas" son las grabaciones individuales de la pieza o de un solo pasaje de la misma, Ed). Esta tensión en el concierto en vivo se convierte en adrenalina, lo que nos permite iniciar y mantener todo el recital. En la producción de vídeo permanece un estado de nerviosismo que no se disipa ni siquiera cuando el trabajo está terminado.


LA PRODUCCIÓN AUDIOVISUAL COMO INSTRUMENTO DE ESTUDIO

Para los fines del estudio, ¿tiene sentido someterse a este nivel de estrés? La respuesta no está clara. Si es así, necesitas complementar tus conocimientos. El músico necesita al menos unos conocimientos básicos de producción de vídeo si va a trabajar solo, y como a menudo son estudiantes, no puede permitirse pagar a un profesional de la realización de vídeos. Si la respuesta es negativa, los subcontratistas son la solución; el aspecto controvertido es que, en esta modalidad, la ausencia (o la reducción) del estrés se "compra".


Por supuesto, hay otras razones para registrarse, aparte de producir contenidos para una audiencia digital. En cuanto al aspecto meramente instrumental, el registro siempre es bueno. En particular, es muy útil cuando se aborda con regularidad. De hecho, puedes corregir cualquier imprecisión en el tactus (es decir, el pulso rítmico), comprobar que eres fiel a la partitura y expresar las ideas musicales con mayor convicción y eficacia. En este sentido, la integración de este proceso en la rutina de estudio es sustancial. Con la supervisión de un profesor puede incluso ayudar a controlar el estrés, causado tanto por la grabación como por la ansiedad escénica.


CONTEXTO SOCIAL

Directamente relacionado con el tema anterior (estrés), las redes sociales. El entorno de las redes sociales más populares es un espejo distorsionado de la sociedad "real". De hecho, están montados de tal manera que nos mantienen pegados a la pantalla lo máximo posible a través de la repetición de contenidos que nos son afines. Estas afinidades se identifican a partir de nuestras búsquedas en la red social, los contenidos externos que compartimos, las imágenes o vídeos que publicamos, nuestros "me gusta". Esto significa que nos encontramos, más que frente a la realidad, dentro de una burbuja, en la que nuestra personalidad repercute en los contenidos de otras personas similares a nosotros (fuente: documental "The Social Dilemma", dirigido por Jeff Orlowski).


En segundo lugar, el entorno social también está sobrecargado de contenidos (Facebook tiene 2.600 millones de usuarios activos mensuales, Instagram 1.000 millones - fuente: socialmediamarketing.it). Estos dos aspectos hacen que sea muy difícil emerger en este mar magnum, así como ampliar la propia audiencia, ya que lo que publicamos difícilmente traspasará la "burbuja" mencionada anteriormente.


Se puede encontrar una respuesta parcial en el patrocinio, pero es (de nuevo) una forma elitista y controvertida. No premia necesariamente el mérito. Entonces, ¿cómo podemos superar este obstáculo, teniendo en cuenta que a la frustración mencionada anteriormente se suma la necesidad de aprobación que rige la mecánica en estas plataformas? Además del juicio interno, también está el juicio externo de las personas que verán, comentarán y compartirán nuestros vídeos. Se puede cuestionar lo efímera que puede ser la aprobación virtual, pero es difícil pretender que no sea un tema central de nuestro tiempo.


CONCLUSIONES

Las respuestas a estas preguntas y peticiones son ciertamente complejas, y todo el mundo puede tener una opinión legítima. Hoy más que nunca hay que estimular la conciencia: creo que sería interesante que el mundo de los artistas se abriera y se comunicara con el público. El sistema, tal y como está ahora, necesita ser repensado en nuestro enfoque. Si podemos aprender algo de esta forzada dimensión digital de la música, es sin duda la integración de la grabación como método de estudio.


En segundo lugar, adquirir herramientas para expresarnos a través de un lenguaje de vídeo codificado y manipulable. Algunos músicos ya se mueven en esta dirección, solos o con la ayuda de profesionales (pienso en particular en las recientes publicaciones de Giulia Ballaré sobre John Cage, en las que el vídeo comenta y apoya la música, o en las producciones de Caméra Musique). Por supuesto, también es legítima (y poco explorada, en mi opinión) la posibilidad de salir de este contexto, siguiendo una carrera musical más tradicional, o experimentando con otros canales.


Así que les dejo la pelota a ustedes, los lectores, con la esperanza de haberles abierto un panorama sobre algunos aspectos de la producción artística. Espero que haya sido de su interés: en general, me gusta oír a la gente hablar de su profesión, y he basado mis escritos en este sentimiento. También espero que, a mi manera, este editorial sea un estímulo para sacar a la luz nuevas y otras cuestiones relacionadas con la condición del músico y del artista en general. Creo que como comunidad de Arte y Entretenimiento podríamos estar más unidos: quizás el camino hacia esta unidad pase por la apertura sobre nuestros propios problemas.


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